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viernes, 25 de octubre de 2013

La revolución Francesa

Es el violento conflicto que estalló en París en 1789 por el cual la burguesía y el pueblo francés exigieron el fin de los privilegios de la nobleza y el clero. Fue una lucha contra el llamado "Antiguo Régimen"; es decir, contra la Monarquía Absolutista y el régimen feudal.


La Revolución Francesa fue el cambio político más importante que se produjo en Europa, a fines del siglo XVIII. No fue sólo importante  para Francia, sino que sirvió de ejemplo para otros países , en donde se desataron conflictos sociales similares, en contra de un  régimen anacrónico y opresor, como era la monarquía. Esta revolución significó el triunfo de un pueblo pobre, oprimido y cansado de las injusticias, sobre los privilegios de la nobleza feudal y del estado absolutista.

Durante el reinado de Luis XIV (1643-1715) (foto), Francia se hallaba bajo el dominio de una monarquía absolutista, el poder de rey y de la nobleza era la base de este régimen, pero en realidad el estado se encontraba en una situación económica bastante precaria, que se agravó por el mal gobierno de Luis XV (bisnieto de Luis XIV), y que tocó fondo durante el reinado de Luis XVI, gobernante bien intencionado, pero de carácter débil, por lo que se lo llamaba el buen Luis.

"Los gastos militares y un lustro de malas cosechas crearon una gravísima situación social. La mayoría de la población se vio en la miseria mientras el lujo y el despilfarro del rey y la nobleza continuaban como si nada. Luis XVI se negó a realizar cualquier tipo de reforma y defendió los privilegios de la aristocracia frente al hambre de sus súbditos, que se estaban hartando de la injusticia." Fuente Consultada: Felipe Pigna

 El mantenimiento de un estado absolutista demandaba mucho dinero, ya que:

* Existía un gran número de funcionarios en el gobierno y cada uno buscaba su propio beneficio

* Se tenía que mantener un gran  ejército permanente.

* La corte vivía rodeada de lujos. 

Algunos ministros de Hacienda trataron de encontrar una solución a esta crisis, pero sus medidas sólo complicaron más la situación.

 Aparece un nuevo problema:

·     En envió de  tropas a América de Norte, para defender su posiciones territoriales, antes el avance de gobierno inglés, en la guerra de los Estados Unidos.

·     Consecuentemente la monarquía se endeudó mucho más.

 Soluciones Propuestas:

·     Se recurrió al tradicional intento de aumentar los impuestos.

·    Se trató de conseguir que la nobleza también aporte su correspondiente diezmo, medida que provocó la ira y oposición de esta última clase social, que estaba dispuesta a defender sus privilegios feudales, hasta el punto de enfrentar la monarquía.

·   Para que no se empeorara su situación económica la nobleza trató de acaparar más cargos en la burocracia estatal, y además, aumentó la explotación de los campesinos que trabajaban en sus tierras, exigiéndoles   mayores contribuciones.

Resumiendo:

a- La economía del país estaba arruinada.

b- Los nobles consecuentemente sufrían dramas financieros.

c- El clero no recibía el diezmo por parte del pueblo.

d- La burguesía quería acceder a cargos públicos.

e- Los campesinos estaban cansados del poder feudal.

La sociedad estaba compuesta por tres sectores sociales llamados estados.

El primer estado era la Iglesia; sumaba unas 120.000 personas, poseía el 10% de las berras de Francia y no pagaba impuestos. Recibía de los campesinos el “diezmo”, es decirla décima parte del producto de sus cosechas. Sólo la Iglesia podía legalizar casamientos, nacimientos y defunciones, y la educación estaba en sus manos. 

El segundo estado era la nobleza, integrada por unas 350.000personas. Dueños del 30 % de las tierras, los nobles estaban eximidos de la mayoría de los impuestos y ocupaban todos los cargos públicos. Los campesinos les pagaban tributo y sólo podían venderles sus cosechas a ellos. Tenían tribunales propios, es decir que se juzgaban a sí mismos. 
El tercer estado comprendía al 98% de la población, y su composición era muy variada. Por un lado estaba la burguesía, formada por los ricos financistas y banqueros que hacían negocios con el estado; los artesanos, funcionarios menores y comerciantes. Por otra parte, existían campesinos libres, muy pequeños propietarios, arrendatarios y jornaleros. El proletariado urbano vivía de trabajos artesanales y tareas domésticas. Finalmente estaban los siervos, que debían trabajo y obediencia a sus señores. El tercer estado carecía de poder y decisión política, pero pagaba todos los impuestos, hacia los peores trabajos y no tenía ningún derecho. La burguesía necesitaba tener acceso al poder y manejar un estado centralizado que protegiera e impulsara sus actividades económicas, tal como venia ocurriendo en Inglaterra.

Viendo la difícil situación económica que se asomaba, la nobleza exigió que se llamara a Estados Generales, para el tratamiento de una ley de impuestos. La monarquía prácticamente arruinada económicamente y sin el apoyo de gran parte de la nobleza, estaba en la ruina.

Cuando se reunieron en los Estados Generales (1789), la situación de Francia estaba sumamente comprometida, ya que el pueblo no soportaba más tan penosa vida, y existía un gran descontento social. Como se dijo, las clases sociales existentes en ese momento eran: la nobleza, el clero y la burguesía, pero al contar los votos de la nobleza y del clero, que pertenecían a un estamento privilegiado, superaban en número a la burguesía, y por lo tanto siempre se tomaban las decisiones que a esta sector le convenía. Solucionado este sistema de conteo, el tercer estamento (la burguesía) pudo tomar el control de la situación, y comenzó a sesionar como Asamblea Nacional,  y juraron solemnemente que ésta no se disolvería hasta tanto no se logre conformar una Constitución Nacional.

 En 14 de Julio de 1789, la burguesía se vio apoyada por un gran sector explotado por la nobleza, los campesinos, que en medio de una agitada multitud revolucionaria formada por hombres y mujeres, saturados de injusticias y de hambre, se dirigen violentamente a la Bastilla, símbolo del régimen absolutista, donde funcionaba como cárcel de los opositores al sistema de gobierno, y toman la toman por la fuerza. Esta demostración atemorizó a los partidarios del antiguo sistema, y sirvió para inclinar la balanza en favor de los revolucionarios, desplazando así del poder a los nobles y partidarios del absolutismo.

Paralelamente se produjo en las zonas rurales levantamientos de los campesinos contra los señores feudales, lo cuales fueron asesinados, y sus castillos saqueados e incendiados. A este movimiento social por la justicia y fraternidad de los hombres en 1789, se lo conoce como el Gran Miedo.

La Asamblea Nacional estaba formada por la burguesía, que inicialmente para luchar contra la monarquía, lo hizo en forma unificada, pero en realidad la burguesía no era una clase social homogénea, sino que estaba dividida en la alta burguesía –banqueros, financistas, comerciantes, propietarios- y en la baja burguesía formada por los profesionales (abogados y médicos), pequeños comerciantes y dueños de talleres.

Cuando llegó el momento de decidir por la forma de gobierno, la alta burguesía apoyó a los girondinos, oriundos de la provincia de La Gironda, que querían llegar a un acuerdo con la monarquía e instaurar una monarquía constitucional, es decir, tenía una actitud moderadora respecto a los cambios políticos.

Por otro lado estaban los jacobinos, que tenían ideas más revolucionarias y de cambios radicales, con tendencia a la instauración de una república democrática, con derechos a la participación política y con la aplicación de medidas más equitativas para la repartición de la riqueza y la lucha contra el hambre popular. Dicho nombre proviene de que se reunían en asambleas, llamadas clubes , en un convento ubicado sobre la calle San Jacobo.

Los diputados de la asamblea, decidieron eliminar los privilegios de la nobleza, se les obligó a pagar impuestos y se eliminó el diezmo a la Iglesia. Pocos días después la asamblea dicta la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, esta proclama se transformó en la síntesis de las ideas revolucionarias, basadas en tres banderas: igualdad, fraternidad y libertad.

Les interesaba la libertad para comerciar, la defensa de la propiedad privada y la igualdad de los ciudadanos ante la ley.

El 3 de Septiembre de 1789, se proclamó la Constitución de carácter moderado, en donde la alta burguesía había logrado prevalecer sus ideales, de negociar con el antiguo régimen, quedando a cargo del poder ejecutivo el rey (Luis XVI), el poder legislativo lo ejerció una asamblea formada por la burguesía y el poder judicial, se compuso de jueces electos. Se estableció que sólo podían votar aquellos que pagaban ciertos impuestos, y de esta manera se pone en evidencia que las banderas de igualdad proclamada por los revolucionarios tenía ciertas limitaciones.

La nobleza de esta manera se vio con sus poderes recortados, lo que los motivó a tratar de crear alianzas y buscar apoyos en otros países con gobiernos absolutista, y de paso tratar de evitar que estos movimientos se expandan a otros reinos, y para ello no había mas remedio que la guerra. Países como Austria y Prusia, atacaron a los franceses en los límites de su territorio y lograron contenerlos, pero los cuidados que tuvieron los países limítrofes con Luis XVI, hicieron evidente de la alianza que existía entre éste y la intervención extranjera, de esta manera el pueblo francés destronó al rey, y luego se lo decapitó. Más tarde fue ejecutada su mujer: María Antonieta. La asamblea nacional fue desplazada y un nuevo cuerpo de representantes reunidos en una Convención, comenzó a dirigir el nuevo gobierno republicano, liderado por la baja burguesía, dependiente del partido jacobino.

El cambio de mayor importancia es que ahora los representantes podían ser elegidos mediante el sufragio universal, permitiendo una mayor participación de sectores humildes y populares, llamados sans culottes (sin calzones).Desde 1792 los jacobinos lograron el control de la Convención, y sus principales activistas fueron: Dantón, Robespierre, Marat y Saint Just.

La república jacobina en el plano exterior debió frenar el avance de los ejércitos extranjeros, en el plano interior debió combatir la aristocracia, y terminar con la resistencia de los girondinos, que se oponían a la nueva forma de gobierno. Para tomar mejor partido de su control, los jacobinos hicieron alianzas con los sans-culottes, y durante 1793, se creó una institución destinada a establecer un rígido control de los opositores, y castigarlos duramente y aplicar la pena de muerte a todos aquellos que no apoyaban el sistema de gobierno republicano. Este instrumento fue dirigido en persona por Robespierre. Se trataba de mantener dominados a sus opositores, a través del miedo, por lo que se lo llamó: El terror revolucionario.

El gobierno revolucionario de 1793: Durante la guerra, en el interior de Francia hubo levantamientos organizados por partidarios de la monarquía y por grupos opuestos a la Constitución civil del clero. Ante la emergencia, la Convención decidió crear varias instituciones que tendrían a cargo el gobierno del país en la grave situación:

EL COMITÉ DE SALVACIÓN PÚBLICA: Integrado por nueve miembros con amplios poderes de gobierno.
EL COMITÉ DE SEGURIDAD GENERAL: Con atribuciones de policía y seguridad interna. Se dedicaba a investigar el comportamiento de los supuestos enemigos de la Revolución.
EL TRIBUNAL REVOLUCIONARIO: Con extensos poderes judiciales.

La medidas tomadas por la Convención no pudieron atender a todas las exigencias del sector popular, que seguían sufriendo la crisis económica. Se trató de llevar un control de precios para los alimentos básicos, aplicando severa penas a quienes no las acataban, pero no se logró el efecto deseado, lo que llevó al sector de los sans-culottes a romper su alianza con los jacobinos, creando una fisura y debilidad al partido gobernante.

 Robespierre: Con Robespierre al frente, se estableció un gobierno revolucionario, el Comité de Salvación Pública,  que suspendió algunas garantías constitucionales, mientras la situación de guerra pusiera en peligro la Revolución, y se utilizó el Terror, un estado de excepción, para perseguir, detener y, en su caso, guillotinar a los sospechosos de actividades contrarrevolucionarias. Ante la guerra y la crisis económica se tomaron toda una serie de medidas para favorecer a las clases populares y que fueron signo del nuevo carácter social de la República.

— La venta en pequeños lotes de los bienes expropiados a la nobleza para que pudieran ser adquiridos por los campesinos.

— Ley que fijaba el precio máximo de los artículos de primera necesidad y la reglamentación de los salarios.

— Persecución de los especuladores, confiscación de sus bienes y distribución de ellos entre los pobres.

— Obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza primaria, prohibición de la mendicidad, atención a los enfermos, a los niños y a los ancianos.

— Proceso de descristianización, que comportó la sustitución del calendario cristiano por el que se iniciaba con la proclamación de la República y la sustitución del culto católico por un culto cívico; el de la razón.

Las reformas de Robespierre concitaron muy pronto la oposición de la mayor parte de la burguesía, que veía peligrar sus propiedades. Por otro lado, su forma de gobernar, dictatorial, desagradaba a muchos porque a cualquier crítica se respondía con la detención y la muerte. Cuando la guerra dejó de ser un problema y las victorias del ejército republicano garantizaban la estabilidad de la República, gran parte de los diputados de la Convención se pusieron de acuerdo para dictar una orden de detención contra Robespierre, que fue guillotinado el 28 de julio de 1794.

Conociendo la debilidad de este gobierno, la alta burguesía aprovechando la situación, y deseosos de terminar con los “excesos del populacho” en Julio de 1794, produjeron un golpe de estado, desplazando la república y creando un Directorio, que para lograr su autoridad se apoyaron en los militares. Los líderes de la Convención fueron guillotinados.

El Directorio, eliminó la libertad política de votar a los más humildes, se eliminó el control de precios y se tomaron medidas que favorecieron a los comerciantes y especuladores. Este nuevo régimen, el Directorio, fue contestado tanto por los realistas, partidarios de volver al Antiguo Régimen, como por las clases populares, de­cepcionadas por el nuevo rumbo político. Así, el sistema fue evolucionando hacia un autoritarismo, que acabó por recurrir al ejército y entregarle el poder. De todas maneras, el sector popular siguió pasando por las misma penurias de siempre y míseras condiciones de vida.

Entre los militares que apoyaban al Directorio, se encontraba Napoleón Bonaparte, que no tardó en hacerse del poder, mediante un golpe militar, aprovechando el gran prestigio que se había ganado en las diversas victorias militares en otros países. En 1799 se apoderó del gobierno se Francia, y se coronó como Primer Cónsul, concentrando cada vez más poder, hasta llegar a emperador en 1804. Con el tiempo la burguesía lo apoyó, ya que conservó muchos de los principios declarados en la Constitución, especialmente aquellos que beneficiaban a la burguesía más acomodada. A su vez estos lo apoyaban, porque evitaban el regreso de la república jacobina y del antiguo régimen aristocrático.

Consecuencias de la Revolución Francesa
1-Se destruyó el sistema feudal
2-Se dio un fuerte golpe a la monarquía absoluta
3-Surgió la creación de una República de corte liberal
4-Se difundió la declaración de los Derechos del hombre y los Ciudadanos
5-La separación de la Iglesia y del Estado en 1794 fue un antecedente para separar la religión de la política en otras partes del mundo
6-La burguesía amplió cada vez más su influencia en Europa
7-Se difundieron ideas democráticas
8-Los derechos y privilegios de los señores feudales fueron anulados
9-Comenzaron a surgir ideas de independencia en las colonias iberoamericanas
10-Se fomentaron los movimientos nacionalistas

Enlaces de interés

****Diez Curiosidades sobre la revolución Francesa****  

La revolución Francesa

La ilustración



Antecedentes de la Ilustración

Las transformaciones económicas y sociales de la Edad Moderna, principalmente la Revolución Industrial y los progresos científicos, provocarían cambios en la manera de pensar y sentir de los europeos.

La Revolucion inglesa del siglo XVII y la Revolucion Industrial del siglo XVIII fueron conducidos por la burguesia inglesa, el objetivo de esos movimientos revolucionarios eran destruir las estructuras economicas, sociales y politicas que sustentaban al Antiguo Regimen, tales como el derecho divino de gobernar absolutista de los reyes, la politica economica mercantilista y el poder politico de la Iglesia Catolica.

La Crisis del Antiguo Regimen fue acompañado por un conjunto de nuevas ideas filosoficas y economicas que defendian la libertad de pensamiento y la igualdad de todos los hombres ante la ley. Las ideas economicas defendian las practicas de libre iniciativa. Ese movimiento cultural, politico y filosofico que acontecio entre 1680 y 1780, en toda la Europa, sobretodo en Francia, en el siglo XVIII, fue conocido como Iluminismo, Ilustracion o Siglo de las Luces.

La Ilustracion y el Siglo de las Luces

Los ilustracion se caracterizaba por la importancia que daba a la razon. Solamente por medio de la razon, afirmaban los ilustrados, seria posible comprender perfectamente los fenomenos naturales y sociales. Esas ideas se basaban en el Racionalismo. La Ilustracion defendia la democracia, el liberalismo economico y la libertad de culto y pensamiento. En verdad, la Ilustracion fue un proceso en el que las transformaciones culturales iniciadas por el Renacimiento proseguirian y se extenderian por los siglos XVIII y XVIII.

Las ideas de la Ilustracion influenciaron movimientos como la Independencia de los Estados Unidos y la Revolucion Francesa.

La Ilustracion se inicio en Inglaterra, pero fue en Francia, que alcanzo su mayor desarrollo. Fue en Francia donde vivieron los mayores pensadores ilustrados: Voltaire, Montesquieu, Rousseau, Diderot y D´Alembert.

Principales filosofos de la Ilustracion

John Locke (1632-1704): filosofo ingles, autor del ensayo sobre el entendimiento humano, rechazo el concepto de ideas innatas. Afirmaba que la experiencia es la base de todo el conocimiento. Combatio el absolutismo, negando el origen divino de los reyes y afirmaba que el gobierno nace de un entendimiento entre gobernantes y gobernados.

Voltaire (1694-1778): François Marie Arouet de seudonimo "Voltaire", escritor frances, critico del absolutismo y de los privilegios de la Iglesia y la Nobleza. Por sus criticas, fue encarcelado varias veces, dejo Francia y se exilio en Inglaterra. Atraido por las ideas de John Locke, escribio las Cartas Inglesas, en cuales exalta la libertad de pensamiento, de religion y las instituciones inglesas, criticando indirectamente al sistema de gobierno de Francia.

Montesquieu (1689-1755): Charles Louis de Secondant, baron de Montesquieu. Considerado el padre del liberalismo burgues fue jurista, filosofo y escritor. En su principal obra El Espiritu de las Leyes, expuso su teoria de division de poder politico en Poder Legislatico - elabora y aprueba las leyes; Poder ejecutivo - ejecutaba las leyes y administraba el pais; Poder Judicial - fiscalizaba el cumplimiento de las leyes. Sus ideas influenciaron en la organizacion de practicamente todos los gobiernos post-Revolucion Francesa.

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778): filósofo frances, nacido en Suiza, fue el radcial entre los ilustrados. Al contrario de Voltaire y Montesquieu, el no fue portavoz de la burguesia y si de las clases populares. Sus ideas contradecian, por ejemplo, uno de los principios centrales de la sociedad burguesa - la propiedad privada. Segun Rousseau, esta era la raiz de la infelicidad humana, pues traia consigo la desigualdad y la opresion del mas fuerte sobre el mas debil. Sus principales obras fueron: Contrato Social, Emilio y Discurso sobre el origen de la Desigualdad entre los Hombres

Rousseau defendio la igualdad entre los hombres; afirmaba que el poder politico emanaba del pueblo; ejercio gran influencia en la Revolucion Francesa, el Romanticismo y en la filosofos de los siglos posteriores.

La Ilustracion y el enciclopedismo

Denis Diderot (1713-1784) y Jean Le Rond D´Alembert (1717-1783): Diderot organizo la Enciclopedia, ayudado por el matematico D´Alembert, donde fueron reunidos todos los conocimientos de la epoca. El Enciclopedismo se convirtio en medio de transmision de las ideas de la Ilustracion. Aunque la obra fue prohibida por las autoridades, por criticar los poderes establecidos en la Francia borbonica, la Enciclopedia circulo clandestinamente, su elaboracion, iniciado en el año 1751, fue concluida en el año 1772.

Los principales economistas del periodo de la Ilustracion

Ademas de filosofos, la Ilustracion fue representado por economistas, que atacaron la intervencion del Estado en los asuntos economicos, defendiendo, por tanto, la libertad total en las actividades economicas. Esa teoria economica derivo en el liberalismo economico y la fisiocracia. Economistas de la Ilustracion:
François Quesnay (1694-1774)
Robert Turgot (1727-1781)
Vicent Gournay (1712-1759)
Adam Smith (1723-1790)
David Ricardo (1772-1823)

Causas de la Ilustración

¿Cómo se llegó a este ideal? ¿Por qué se pensó que los hombres habían vivido hasta entonces sometidos a criterios ajenos al propio hombre, a autoridades que carecían de legitimidad para dictarles conocimientos, normas morales, leyes políticas y costumbres? En el origen del pensamiento ilustrado hay, como punto central, una nueva antropología, un modo nuevo de concebir al hombre: «la era de la Ilustración es antihistórica, y sueña… con un hombre ideal y universal, en el que naturaleza y razón constituyen las supremas normas de valor en todo el ámbito humano»[ HIRSGHBERGER, J., Historia de la filosofía, II, 9a ed., Herder, Barcelona, 1967, 145] Pero este sueño no surgió de la nada, sino que vino precedido por dos movimientos que abrieron una brecha profunda con la Edad Media, hasta el punto de considerarla la Edad Oscura, la época de las tinieblas: el Renacimiento y la Reforma protestante.

Para ampliar sobre el tema 

Inicios de la Revolución industrial en Inglaterra

¿Porqué se inició la primera Revolución Industrial?




La Revolución industrial fue un periodo histórico comprendido entre la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX, en el que Gran Bretaña en primer lugar,1 y el resto de Europa continental después, sufren el mayor conjunto de transformaciones socioeconómicas, tecnológicas y culturales de la historia de la humanidad, desde el neolítico.

La economía basada en el trabajo manual fue reemplazada por otra dominada por la industria y la manufactura. La Revolución comenzó con la mecanización de las industrias textiles y el desarrollo de los procesos del hierro. La expansión del comercio fue favorecida por la mejora de las rutas de transportes y posteriormente por el nacimiento del ferrocarril. Las innovaciones tecnológicas más importantes fueron la máquina de vapor y la denominada Spinning Jenny, una potente máquina relacionada con la industria textil. Estas nuevas máquinas favorecieron enormes incrementos en la capacidad de producción. La producción y desarrollo de nuevos modelos de maquinaria en las dos primeras décadas del siglo XIX facilitó la manufactura en otras industrias e incrementó también su producción.

Así es que en la Revolución industrial se aumenta la cantidad de productos y se disminuye el tiempo en el que estos se realizan, dando paso a la producción en serie, ya que se simplifican tareas complejas en varias operaciones simples que pueda realizar cualquier obrero sin necesidad de que sea mano de obra cualificada, y de este modo bajar costos en producción y elevar la cantidad de unidades producidas bajo el mismo costo fijo.

A fines del siglo XVII comenzó a desarrollarse un modo de producción de tipo industrial que transformó completamente la vida del ser humano y sus efectos se hacen sentir hoy en día. Los historiadores le han dado el nombre de “Revolución Industrial”. Fue una revolución, aunque no en el sentido que usamos comúnmente, no fue un cambio rápido y violento. Fue un proceso que se desarrolló a lo largo de casi un siglo, sin embargo, fue revolucionario tanto por la profundidad y magnitud de los cambios que produjo como por el alcance mundial de sus consecuencias.

La revolución industrial tuvo sus orígenes en Inglaterra donde a fines del siglo XVII se habían producido una serie de cambios que permitieron su desarrollo. Los más destacados fueron: cambios en las técnicas agrícolas y cercamiento de tierras, crecimiento de la población, los adelantos técnicos, nuevas formas de organización del trabajo y la expansión del mercado mundial.

Durante el siglo XVIII el espacio rural, en Inglaterra, se vio modificado profundamente. Por un lado se desarrollaron nuevas técnicas y tipos de cultivo, se introdujo una rotación de cultivos que incorporaba la producción de plantas forrajeras a la de cereales. La rotación de las especies cultivabas permitía conservar la fertilidad de los suelos y aumentar su productividad. También se incorporaron nuevas herramientas como el arado de hierro y el desarrollo de la máquina sembradora. El resultado fue un incremento sustancial de la producción agrícola.

Este proceso se vio acentuado por la aparición de los cercamientos de las tierras. Los grandes terratenientes comenzaron a cercar sus propiedades apropiándose de tierras comunales de las poblaciones rurales que eran de uso común para el pastoreo y la provisión de leña. Los pequeños propietarios se vieron asfixiados ya que no podían competir con la producción de los terratenientes y debieron vender sus tierras. Una enorme cantidad de población rural debió abandonar el campo y se concentró en los centros urbanos.

El aumento de la producción agrícola favoreció el aumento de la población urbana ya que permitía asegurar su alimentación. Las ciudades vieron aumentar su población con los contingentes de campesinos que se vieron obligados a abandonar sus lugares de origen y se dirigían a las ciudades en busca de trabajo.

Los adelantos técnicos fueron otro factor que favoreció el desarrollo industrial inglés. Las innovaciones técnicas fueron sencillas en un principio, comenzaron a utilizarse maquinas para suplantar tareas que antes se realizaban manualmente. La industria textil desarrolló los primeros telares mecánicos y maquinas para la producción de hilos. Estas máquinas permitían ahorrar tiempo y aumentar la producción. La industria metalúrgica comenzó a utilizar a gran escala el uso de altos hornos que aumentaron y mejoraron la producción de hierro. El aumento de este recurso permitió incrementar y abaratar la producción de máquinas y herramientas.

El uso de energía fue otro de los cambios tecnológicos. Las primeras maquinas utilizaban la energía del viento o del agua para funcionar. Este tipo de energía era muy deficiente ya que su provisión dependía de factores climáticos variables. En el caso de la industria textil las máquinas utilizaban la rueda hidráulica, por esta razón debían establecerse sobre las márgenes de los ríos y estaban alejadas de los centros urbanos. Hacia 1769 se perfeccionó la máquina de vapor lo que permitió asegurar la fuente de energía para las máquinas. Esta nueva fuente de energía permitió la instalación de industrias en los centros urbanos donde abundaba la mano de obra y a la vez el mercado de consumo. La industria textil y la metalúrgica adquirieron un gran impulso a partir de esta innovación.

A lo largo del siglo XVIII se modificó la organización del trabajo. Se fue desarticulando la forma artesanal de producción dando lugar a la aparición de la fábrica como nuevo espacio de producción. La fábrica era un conjunto de grandes construcciones donde se instalaban las máquinas y una gran cantidad de obreros se ocupaban de su funcionamiento de forma sincronizada y bajo la supervisión de una autoridad. La instalación de estas fábricas requería la inversión de grandes capitales que sólo los grupos más acomodados de la burguesía poseían. Las primeras fábricas fueron las textiles.

La expansión colonial europea entre los siglos XV y XVII abrió los mercados de América, Asia y África. En el siglo XVIII Inglaterra se convirtió en la primera potencia mundial y encontró en estas regiones mercados donde obtener materias primas baratas y colocar su producción industrial.


Europa entre 1648-1789

“La configuración de las modernas relaciones internacionales se inició tras la Guerra de los Treinta Años con los Tratados de Westfalia (1648) […] una cambiante combinación de alianzas entre las grandes potencias europeas, como Austria, Prusia, Gran Bretaña, y Francia, cuyo principal objetivo era evitar la hegemonía de una de ellas o de un bloque estable de alguna de ellas”. (Wikipedia. Artículo: “Equilibrio Europeo”).

Como se explica en esta introducción recibe el nombre de “Equilibrio Europeo” el sistema de relaciones internacionales que rige en Europa desde la Paz de Westfalia (1648), que puso fin a la Guerra de los Treinta Años, de la que estuvimos hablando la semana pasada. Aunque hay autores que usan esa denominación de una forma mucho más restrictiva, para referirse sólo al período 1648-1789.

La característica fundamental que define a éste es el liderazgo compartido que ejerce un grupo de países (de número variable, dependiendo de las diversas coyunturas históricas) sobre la ecúmene europea, vigilándose mutuamente y procurando que ninguno de ellos llegue a alcanzar la suficiente ventaja sobre los demás como para poderle permitir ejercer el papel hegemónico que la España de los Habsburgo había venido desempeñando hasta el estallido del conflicto citado.

El equilibrio de fuerzas es una característica intrínseca de la europeidad. En realidad, el período de la hegemonía política de los Habsburgo a través de la alianza austro-española (1517-1618) es una excepción en la milenaria historia de nuestra ecúmene, que descansaba sobre un pacto contra natura que perjudicaba objetivamente los intereses tanto de España como del resto de pueblos europeos, por eso en su día hablé del “Engendro” político de los Habsburgo. Ese fue uno más de los muchos intentos de someter a los pueblos que hemos sufrido, liderado por alguno de los numerosos grupos oligárquicos que, a lo largo del tiempo, han intentado construir una estructura imperial europea.

Ya hemos visto como una de las pocas que han conseguido sobrevivir durante siglos por estas latitudes fue la romana, y ésta no fue una organización propiamente europea sino mediterránea. En el Mar Mediterráneo sí que ha habido a lo largo del tiempo organizaciones que podemos denominar imperios y que han sido capaces de sobrevivir durante muchas generaciones: egipcios, cartagineses, romanos, bizantinos, árabes, aragoneses, españoles, turcos…

Sin embargo los intentos de unidad llamemos “continentales” han fracasado todos históricamente, uno detrás de otro: Carlomagno, los otones, los Habsburgo, Napoleón, Bismarck, Hitler… Fíjense como aquí podemos usar los nombres propios de los dirigentes que lo pretendieron -porque no sobrevivieron a sus grupos fundadores- mientras que si miramos al Mediterráneo habrá que usar nombre del país correspondiente porque esos impulsos sí que fueron capaces de sobrevivir a su período fundacional, es más, estuvieron expandiéndose durante generaciones.

Vemos, por tanto, que cuando la pretensión de formar una macro estructura política surge en algún país ribereño del Mediterráneo tiene muchas más posibilidades de consolidarse que cuando lo hace lejos de este mar, centrado en algún punto de la masa continental del occidente euroasiático.

La dinámica de la europeidad nos recuerda, en cierta medida, a la de las polis griegas de la antigüedad. A una escala más amplia, las naciones-estado europeas que surgieron  en la época del Renacimiento replican el comportamiento de éstas en su fase previa al Imperio de Alejandro Magno. Como ellas protagonizaron una expansión colonial por el mundo, difundiendo así su legado, que pudo trascender los límites de su patria originaria. Como ellas sólo han sido capaces de coaligarse para hacer frente a las amenazas colectivas y, siempre, reservándose el derecho a redefinir en cualquier momento su política de alianzas. Como ellas siempre tuvieron un grupo de países con una vocación más continental o terrestre enfrentado a otro más centrado en su proyección marítima y ultra continental. Como ellas, pese a lo cambiante de las alianzas, hubo una coalición más o menos recurrente entre los países más terrestres y otra entre los más marítimos dentro del conjunto.

El Sistema del Equilibrio Europeo viene funcionando, de una u otra manera y aunque no reciba ese nombre, desde la caída del Imperio Romano de Occidente, allá por el siglo V de nuestra era. El primer intento hegemonista serio que se produjo en la zona fue el Imperio de Carlomagno, a finales del siglo VIII y principios del IX. Desde entonces existe en su seno un proyecto de unificación política que vuelve una y otra vez cada cierto tiempo a intentarlo. A lo largo de la Edad Media ese proyecto -esa idea de Europa que intenta abrirse paso- tuvo dos focos permanentes de los que venimos hablando desde hace bastante tiempo: uno más “espiritual” o religioso (el Papado) y otro más “temporal” o político (el Imperio). Dos focos situados respectivamente en Italia y en Alemania, precisamente las dos “naciones” europeas que más tarde y de manera más dramática alcanzaron finalmente su unidad política, los dos núcleos que libraron un largo duelo militar en la antigüedad a lo largo de los frentes renano y danubiano (el viejo “Limes” romano).

Esa rivalidad romano-germánica, espiritual-temporal, religioso-política, ha marcado para siempre la manera de ser de las sociedades europeas, instaurando en lo más hondo de la conciencia de sus individuos una dualidad entre ambas esferas que marca la diferencia entre lo público y lo privado, entre la razón y la fe. Ha construido un mundo de ámbitos estancos y fragmentarios, con límites perfectamente definidos que han encorsetado el alma humana dentro de las convenciones sociales, obligándola a manifestarse de manera muy medida y reglamentada.

Esa forma de insertarse los distintos individuos en la sociedad es congruente con la compleja estructura política que hemos ido desplegando a lo largo del tiempo en la ecúmene europea, en cuya construcción los españoles participamos muy activamente, tal y como describí en el artículo “La estructura del Sistema Europeo”[1]. El esqueleto que sostuvo y sostiene esa estructura que aísla a los diferentes “órganos”, discurre por todas las zonas que a lo largo de los siglos han desempeñado una función fronteriza. Por su parte, los estados demográficamente más potentes y/o con una personalidad histórica más marcada se ha ido especializando, apropiándose cada uno un nicho diferente dentro del ecosistema europeo. A lo largo de los últimos meses he ido describiendo algunas de estas funciones: “El Cordón Sanitario Europeo”[2], “La `función borgoñona´”[3], “La Torre de marfil europea”[4], “La Camisa de Fuerza francesa”[5]…

La fuerte especialización que ha generado este sistema europeo, que se proyecta sobre la psicología de los individuos a través de ese fuerte autocontrol del que hablé algo más arriba, ha creado un tipo humano que se presta bastante al desempeño de roles estructurales, propio de los mandos intermedios o de los técnicos especializados. Este tejido social ha permitido levantar poderosos imperios coloniales y el despliegue tecnológico que nos ha traído hasta aquí pero, como contrapartida, nos ha ido insertando en el engranaje de la maquinaria hasta el punto de transformarnos a cada uno de nosotros en una pieza más de la misma, convirtiéndonos en meros objetos al servicio de ese aparato gigantesco que recibe el nombre de “Europa”. Nos ha convertido en cosas, en una parte de ese mundo artificial construido por los hombres que cada vez nos aleja más de la naturaleza en la que el alma humana surgió.

Contra el intento de instrumentalización de los individuos que en los tiempos medievales perseguían el Papado y el Imperio se rebelaron los distintos grupos “heréticos” cristianos. Pero la aceptación del desafío militar católico por parte de los grupos más numerosos y potentes del protestantismo[6] reintrodujo a los “rebeldes” dentro de la estructura, asignándoles un papel preeminente dentro de ella. Y los que debían liberar al mundo se convirtieron en una parte de la estructura opresora. Las corrientes protestantes se alejaron del mensaje evangélico y se acercaron al discurso del “pueblo elegido”, en el que los calvinistas se llevaron la palma. Y se empezó a hablar de predestinación, es decir, de roles innatos asignados a cada hombre por el Dios omnipotente –supuestamente universal- que, sin embargo, se había transmutado en el Dios Lar del hombre blanco. Y el núcleo duro europeo (la “Torre de Marfil”[7]) se transformó en la “Nueva Jerusalén” del Apocalipsis.

A partir de entonces se deslindaron de manera nítida los ámbitos de lo público y de lo privado, quedando la religión integrada dentro de este último y segregada de las esferas más profesionales. En su vida social el hombre se volcó sobre las realizaciones más materiales vinculadas a su oficio o su negocio. Y los humanos terminaron idolatrando sus propias obras, reservando un lugar destacado para las máquinas y la tecnología. Buscaron dentro de su subconsciente las categorías mentales o las actitudes que les permitieran enfrentar el nuevo tiempo, y las encontraron en el viejo pensamiento mágico de los chamanes prehistóricos que aún seguía vivo, en especial entre los pueblos que se habían incorporado más tarde a la civilización y habían interiorizado menos la ética colectiva que surgió en el seno de los imperios antiguos, en los pueblos que cristalizaron en medio de una poderosa estructura política, demográficamente potente, con ciudades populosas, vida comercial activa y grandes filósofos preguntándose cual era nuestra función en la Tierra, proponiendo una ética de aplicación universal que sirviera para ordenar la vida de pueblos en los que vivían decenas de millones de personas que obedecían a la misma autoridad política.

El espíritu de los chamanes prehistóricos abrió la puerta de los aprendices de brujo de la Revolución Industrial y entramos en un proceso de aceleración histórica en el que vaciamos nuestra alma interior sobre un exterior que nos ofrece cada vez más objetos, cada vez más complejos, que nos exigen una actitud de verdadera adoración, como los viejos ídolos de la antigüedad. Se supone que aquella idolatría fue la que el cristianismo nos permitió superar hace ya dos mil años.

En nuestro artículo anterior estuvimos hablando sobre el conflicto militar que abrió la puerta del Equilibrio Europeo en su forma más clásica. Desde entonces se han producido varios intentos hegemonistas en Europa que se han saldado siempre con un baño de sangre. Las guerras napoleónicas y las dos guerras mundiales los han ido abortando, como en el siglo XVII la Guerra de los Treinta Años puso fin al proyecto hegemonista de los Habsburgo. Hoy, como ayer, la idea de Europa intenta abrirse paso de nuevo y durante las dos últimas generaciones hemos creído estar viviendo un sueño: la construcción de un proyecto democrático supra estatal que parecía que nos iba a permitir enterrar, por primera vez en la historia, los viejos fantasmas que nos han hecho repetir, demasiadas veces ya, estas terribles historias. Pero de nuevo los oligarcas se han empeñado en imponer, como en los tiempos de los Habsburgo, otro engendro burocrático y los vientos hegemonistas vuelven a soplar desde el universo mental prusiano, como en los tiempos de Bismarck. Y cada vez que los burócratas nos imponen su ley desde una macroestructura “europea” o los hegemonistas la suya desde el corazón del “continente” resucita el viejo limes romano con sus murallas intangibles y su amargo tributo de vidas humanas.

¿Es posible que no hayamos aprendido nada de la Historia? ¿Para qué sirve toda la tecnología y todos los avances de la ciencia si sólo sabemos usarlos para conducirnos a nuevos enfrentamientos? ¿Nos pararemos alguna vez a escuchar la voz de los pueblos?

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La edad contemporánea

La Edad Contemporánea es el periodo especifico actual de la historia del mundo occidental (cuarto periodo de la Historia Universal, según la división europea de la historia) que se inicio a partir de la Revolución Francesa (1789 d.c.) y que sigue su proceso hasta el presente.

El inicio de la Edad contemporánea fue bastante marcado por la corriente filosófica de la Ilustración, que elevaría la importancia de la Razón. Había un sentimiento de que las ciencias irían siempre descubriendo nuevas soluciones para los problemas humanos y que la civilización humana progresaría cada año con los nuevos conocimientos adquiridos.

La Edad Contemporánea se inició en el siglo XVIII durante el estallido de la Revolución Francesa, en este periodo la filosofía dio una valorización a la ciencia y extendió su método científico a otras disciplinas, presentando las siguientes características positivistas, como el completo desprecio por todo lo que estuviera alejado de la experiencia sensible y concreta. La supervalorizacion de las Ciencias como modelo supremo del saber y preocupación exclusiva de estudiar apenas aquello que puede ser útil para el hombre. Los hombres confirmaron sus ideas comparándolas con la realidad concreta, con la experiencia sensorial. El hombre abandona las consideraciones de las causas y los porque de los fenómenos ocurren y pasa a analizar los procesos, las leyes bajo las cuales estos fenómenos.

Hechos de la Edad Contemporánea

La historia de la Edad Contemporánea comprende el espacio de tiempo que va desde la Revolución Francesa hasta nuestros días. La época contemporánea o Edad Contemporánea está marcada , en general , por el desarrollo y la consolidación del sistema capitalista Occidental durante las Revoluciones Industriales, y por consecuencia por las disputas de las grandes potencias europeas por territorios, materias primas y mercados consumidores.

Durante la Edad contemporánea se produjo la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial, este evento de las guerras mundiales, llevo a un gobierno de escepticismo a el mundo, con la percepción de que naciones consideradas como avanzadas e instruidas eran capaces de cometer atrocidades dignas de bárbaros. De allí se desprende el concepto de que la clasificasión de países desarrollados y países subdesarrollados tiene una aplicación limitada.